El Exilio de Pelito

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Aunque es generalmente sobre temas/experiencias cómicas sobre las que me gusta escribir, para esta ocasión decidí hacer una entrada un poco más reflexiva. Sobre advertencia, no hay engaño….

A un año de haber llegado a esta, la ciudad del reguetón, los tatuajes y los pechos exuberantes (tanto de hombres como de mujeres), son varios los sentimientos  que invaden mi parlanchín personaje. Por un lado no puedo creer que llevo tanto tiempo sin visitar mi país, y por otro, es cierto que han sido los 365 días más rápidos de mi vida.

En primera instancia quisiera compartir la razón de mi “exilio”. No, no estoy vendiendo psicotrópicos en el mercado negro, ni me vine a USA fugada de la sociedad mexicana, simplemente me vine a trabajar y a tramitar, en el inter, la tan añorada green card (gracias a mi nacionalidad cubana)…. Si, a los cubanos les dan la residencia al año de estar viviendo en USA. Las únicas tres condiciones son: no salir del territorio yankee durante ese periodo de tiempo, no realizar ningún tipo de acto ilícito y cumplir con ciertos requerimientos médicos (¡GOOD NEWS! no tengo ni sífilis ni tuberculosis y tampoco he cometido crímenes durante mi estancia aquí, por lo que pude meter mis papeles sin mayor problema)

Por obvias razones, este exilio ha hecho de la experiencia, una experiencia MUCHO más intensa y la verdad, un poco difícil. Me he perdido de eventos y eventualidades, que me rompen el corazón na’mas de acordarme, pero también  me ha ayudado a valorar TODO mucho más. He vivido cosas increíbles, viajado, aprendido (me queda claro que a esquiar no),  me han visitado, paseado, en fin, ha sido uno de los mejores años de mi vida. Pero es, sin duda, con las amistades que he hecho aquí y con las demostraciones de cariño de  allá con lo que me quedo. Definitivamente algo MUY MUY bueno debí de haber hecho en mi otra vida, para estar rodeada SIEMPRE de gente tan increíble, de verdad ¡gracias!

¿Qué será de mi destino? Aún no le se. ¿Cuándo regresaré a México? Tampoco lo se. ¿Cuál es la raÍz cuadrada de 5786?…. #seapayasa y como no tengo respuesta alguna a estas preguntas, mejor me voy a dormir porque luego se aparecen las ardillas a las 3 am y hacen de las suyas, o sea que hasta la próxima!

Los amo a todos….

Pelito Iluminada

Curaciones Alternativas

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Hace unos días, estaba yo ejercitándome con mi mucho muy fornida entrenadora, cuando de pronto, tras una sentadilla, se apareció un gran payaso y decidió cargarme…. #EeeedgarVivar. Aunque el dolor en el momento fue mucho, no me impidió seguir con el entrenamiento. Así continuó el día, y para la noche le rogué a Nuestro Señor q viniera a recoger mi adolorida alma.

Al día siguiente fui al quiropráctico, todo iba bien hasta q decidió echar desmadre y convertir una consulta de 1.5 horas en una de CUATRO horas. Después de 15 tronadas, una decomprensión de columna, toques, 5 torceduras y varias lagrimas derramadas, salí igual o mas madreada del lugar.

Pasaron varios días, muchos vicodins, motrines, rivotriles y cualquier cantidad de fármacos, cuando me recomendaron ir con otra persona. 
Cuando llegué al consultorio, casi me caigo muerta al piso. Habían signos chinos por doquier, un olor igual de extraño que la concurrencia, objetos rarísimos en abundancia y en la recepción me esperaba la esposa de Mao Tse Tung acompañada de un samoyedo bastante feo que entraba y salía de los consultorios (se podrán imaginar la cara de mi siempre amante de los animales, madre). De pronto se presentó un primo hermano de Santa Claus (pero versión Cortina de Hierro) a la consulta y sin mas ni mas empezó a masajear mi adolorida columna. Lejos de salir con el cuerpo y el alma sanados, salí del lugar completa y absolutamente llena de ira: grité, refunfuñé bastante, y finalmente llegué a mi casa con mi paciente progenitora sintiéndome igual o peor que en la mañana.

Al día siguiente desperté hecha una piltrafa humana, mi humor sólo iba decreciendo y me dediqué a mentarle su rusa madre al pobre señor que me había atendido el día anterior. Al pasar de la tarde, en serio no se qué pasó que de pronto me empecé a recuperar como x obra de magia. No es broma, de no poder estar sentada mas de 10 minutos a echarme una sobremesa con, desde luego, oportos celebratorios! Pocas cosas me han dejado tan impresionada como esto, se llama Hoshino Therapy (whatever that means) pero está de impacto. Hoy, he vuelto a reir! #seapayasa

Aprovecho la entrada para agradecer de manera pública a todas aquellas personas que me cuidaron, levantaron (literal), consintieron, alimentaron, procuraron y sobre todo aguantaron todos estos días….  ¡LAS AMO!

La Hija del Yeti

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Después de una larga pausa, he vuelto a escribir. Para esta ocasión, decidí enfocar mi últimamente distraído ser en la experiencia vivida en la cima de la montaña de Beaver Creek hace un par de meses.

Cuando mi muy atento hermano me invitó a vacacionar unos días en el famosísimo Vail “de toda la vida”, mi emoción fue tal que olvidé por completo que en “Vail, gooey” (si, se le añade la palabra guey en cada mención) no solamente se comen pizzas, se chapotea en un jacuzzi y se va al boliche, sino que también se practica, durante el invierno, un deporte 100% desconocido para mi…  el ski (BRUJA!)

Algo importante que hay que aclarar, es que toda la vida me he caracterizado por ser una persona mucho muy pasiva (en cuanto a actividades físicas se refiere). Para mi, el plan ideal se compone de: compañía, comodidad, alimento y desde luego, televisión. No se si esto lo haya hurtado o heredado pero es una realidad que no puedo negar,  sin embargo, cuando entendí que iría a un lugar en el que tendría que esquiar a fuerza, la verdad es que SI me emocioné e inmediatamente me di a la tarea de comprar ropa apropiada para la ocasión (valdría la pena escribir otro blog sobre mi experiencia comprando dichos accesorios en Miami… damn!)

Después de una travesía bastante larga y un viaje algo cansado, tengo que reconocer que cuando llegué al hogar que nos albergaría por unos dìas, casi me muero de la felicidad. De verdad me quedé muy impresionada, no solamente con el lugar, si no con el fenómeno de la naturaleza que es la nieve (si, 26 años me tomó darme cuenta de esto).

En fin, los primeros tres días fui suscrita de manera involuntaria al ski school, en donde me encargué de dejar la dignidad, acompañada claro, de una cantidad importante de neuronas. Cuando me gradué del ski school, le participé a mis familiares que la experiencia me había gustado, que agradecía su interés en mi aprendizaje pero que con esos tres días, yo ya había tenido suficiente con el tema de la esquiada. Desde luego que mi obstinado hermano hizo caso omiso a mi comentario y me convenció de subir una vez más…. Digamos que la expresión: no hay 5to malo, tomó todo un nuevo significado.

Pasó lo que tenía que pasar, y por supuesto perdí TODO el control en algún punto de la travesía: lloré, le menté la madre (que es la mía) a mi pobre hermano, “atropellé” a mi siempre iluminada y paciente cuñada, maldije unas mil doscientas sesenta y tres veces, aventé los skies, insulté al clero, profané la memoria de mis antepasados y finalmente terminé pidiendo disculpas públicas a todo aquel que presenció la desagradable aparición de la hija del Yeti a media montaña (perdón otra vez).

Fuera de este momento gris en mi ser, la verdad es que el viaje estuvo inmejorable, ha sido uno de los más increíbles que he hecho en mi vida, no sólo porque finalmente conocí “Vail gooey” sino porque una vez más confirmé lo afortunada que soy de tener una familia tan increíble como la mía. Pero eso si les digo, a mi NO ME VUELVEN A TREPAR A LA MONTAÑA, a mi por favor me dejan abajo, echando vinos y admirando a los esquiadores #hedicho.

The Help

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Creo que he dejado bastante claro que soy una persona que se conmueve en demasía con las películas y que suele derramar una cantidad importante de lagrimas durante un filme. Desde luego que The Help, no fue la excepción. Y no es precisamente sobre esta película sobre la que quiero reflexionar, sino sobre las protagonistas de la misma… Las invaluables muchachas.

Toda aquella persona que me conozca realmente, sabe que para mi Lupita e Irma (las muchachas de casa mis papás) eran parte de mi familia, y lo fueron durante los 20 años que ahí residieron. El día que se fueron, lloré como Magdalena su partida y entendí una realidad muy dolorosa… que nunca más las volvería a ver. Ese día el dolor fue personal, por lo que las iba a extrañar a ellas como personas; bueno pues, el día de hoy, más allá del dolor personal, es un dolor físico (literal) el que me lleva a recordarlas diariamente.

Sólo tengo una pregunta que me gustaría poner en el ambiente: ¿Qué es este infierno del autoservicio!? El otro día me dormí vestida con tal de no ensuciar la pijama, y re usé un vaso de agua como 3 veces a fin de no seguir lavando y arruinarme mi ahora costoso manicure… Jesucristo, buena onda aplaca tu ira.

El día que mi madre me instaló en Miami y me encargó que pusiera la secadora, tuve q pedir auxilio, no sabía ni como prenderla. Claramente a la lavadora de platos le eche detergente normal y el resultado no lo quiero ni comentar, he terminado con gasolina en los jeans x no parar la bomba a tiempo y por si fuera poco, llamé al electricista porque según yo el espíritu del Padre Maciel andaba rondando mi casa y se había ido la mitad de la luz…. Fue el fusible q se botó, no el alma perturbada de “Mon Père”,  y así podría continuar mi lista de acciones propias de la prima tercer mundista de Elle Woods.

De verdad es increíble lo mal acostumbrados que estamos en México a que alguien nos resuelva siempre todo. Aquí ese concepto ¡NO EXISTE! Desde luego que encuentras ayuda pero nunca nada algo medianamente parecido a lo que tenemos en México.

Hoy 9 meses después de hacerme todo yo sola, es increíble lo que he aprendido, ya no soy 100% inútil, queda un saldito como de 40% pero ya algo es algo. Y además, aunque siempre fui de lo más agradecida, hoy valoro la labor tanto de las muchachas como de las mamás (muchachas ejecutivas, lo siento) mucho pero mucho más, de verdad gracias por postergar tantos años la incursión al mundo de la limpieza y manutención del hogar, porque la verdad es que hacerla de tu propia muchacha y encima sin goce de sueldo… Si es un auténtico coñazo.

Aprovechen, quieran y paguen bien por los servicios que tienen allá, de verdad ¡son invaluables! El que me lavaba el coche en la oficina me cobraba 30 pesos (25 si lo lavaba 3 veces a la semana) y a veces le chillaba. Hoy pago un car wash malísimo por MINIMO 9 dls y encima tengo yo que aspirarlo por dentro… Sabe qué, no se vale! (¡Cálmate reportera de TV Azteca!)

En fin, me despido sin manos desde luego porque la fibra verde hoy si causó estragos importantes, pero con un espíritu enaltecido por no ser más una señorita inútil de mamá y papá…. ¡Si, tú! ¡Au revoir!

Bodas Mexicanas

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Algo que es una realidad, es que las bodas en México se cuecen aparte. Hace relativamente poco vi un programa titulado “Bodas Espectaculares”… un título érroneo desde mi punto de vista, ya que yo le hubiera puesto “Bodas Espectacularmente Nacas y Cursis”, bueno, al menos eso me parecieron a mí y claro, ¿cómo no? después de ver los eventos tan increíbles como a los que he tenido la suerte de asistir, cualquier cosa parece un guateque sabatino casual.

Si, las bodas mexicanas generalmente están llenas de algarabías y excesos, y cierto es que en pocos lugares del mundo hay bodas tan increíbles e impresionantes como en nuestro país. Sin embargo, aun cuando me parecen divinas, divertidas, excéntricas e impresionantes, creo que los mexicanos (especialmente las damas) hemos perdido cierta proporción respecto a este tema. Me di cuenta de este factor el día que me escuche referirme a la boda de alguien como una boda increíble porque había sido «chica e íntima» (de 350 personas). O sea, ¿cómo? chico mi criterio! La boda de la hija del ex Presidente Clinton fue de 400 y fue todo un acontecimiento.

Antes una boda era en un salón o jardín, el número de invitados variaba pero bueno, se ofrecía buena comida, buen vino, buena música, y ¡párale de contar! Hoy en día se han puesto de moda una cantidad de cosas que, aunque hacen lucir el evento increíble, si creo que nos han mal acostumbrado: show, carrito de shots, cabina fotográfica, 15,000 accesorios, mesa de quesos, mesa de dulces, tornaboda, mesa de postres, fuegos artificiales, pinturas en vivo, inflables y resbaladillas, pantuflas, flip flops, flores traídas en refrigeración desde algún lugar exótico de las Américas, violinistas, pistas pintadas a mano, 45 testigos, patas de Jabugo rebanadas al tiempo, 20 pianos de cola durante la cena, danzantes, aves, trapecistas, en fin, todo un espectáculo digno de los Ringling Brothers, acompañado siempre, claro,  de un gusto impecable.

No es esta una queja ni mucho menos una crítica, repito, creo que pocos países gozan de eventos tan increíbles y divertidos como lo son las bodas mexicanas, pero si es cierto que el mercado de las bodas cada día está más y más competido y si no quieres que tu boda caiga dentro de la temida categoría “equis”, tienes que al menos ofrecer algo de lo anteriormente mencionado (y como show no cuenta ser el más pedo de la fiesta)

En fin, si hiciéramos de las bodas un deporte (que falta únicamente legalizarlo, porque yo acabo como maratonista keniana después de una), seríamos medallistas olímpicos sin duda.

«Mejores Amigos»

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Un tema generalmente controversial es la existencia de un mejor amigo en la vida de una mujer (y viceversa). ¿Puede haber una relación de amistad entre un hombre y una mujer sin que pase nada más? Si, desde luego que sí, pero depende de la intensidad de la relación. Para mi, una mejor amiga es aquella persona con la que puedo compartir momentos buenos y malos, que conoce a mi familia, ha visto mi versión ejecutiva, tropical, cocktail, atleta (si tú), “pal perro”, etc, come en mi casa, viene al cine, a bailar, y a cenar,  con la que me da igual si traigo el rimel corrido, el pelo lindo o si he utilizado un millón de palabras altisonantes juntas y lo mejor de todo es que además me escucha, aconseja y festeja todas mis estupideces de manera inagotable. Bueno, habrá gente que pueda sostener este tipo de relación con una persona del sexo opuesto, pero yo definitivamente no.

Si por mejor amigo (del sexo opuesto) te refieres a aquella persona con la que hablas por teléfono semanalmente, ves constantemente, pasas un rato agradable y divertido, comes 1 vez al mes y además te cae de diez, entonces si, ¡felicidades! si tienes un mejor amigo. Pero en el minuto q esa relación se vuelve tres convivios mas intensa, es MUY probable que uno de los dos, o en el mejor escenario los dos, caigan rendidos a los brazos del amorrrr… #seapayasa.  Aunque generalmente esta historia termina con 1 de los 2 llorando en un canta bar, gritando el nombre de su «mejor amigo» al son de alguna melodía de Yuri, Ana Gabriel o en el peor de los casos, Paquita la del Barrio… ni modo así pasa cuando pasa.

Cuando sale esta conversación a flote, generalmente las mujeres que estudiaron en colegios mixtos, afirman que SI es posible tener un mejor amigo. Será quizás mi condición de exalumna de colegio de «damas» la que me impide creer que una amistad como la que se suscita entre mejores amigos del mismo género, se pueda dar entre «señoritas» y «caballeros». Que puede existir un tipo de amistad diferente, sin duda, pero un mejor, mejor, mejor amigo como tal, con la intensidad de relación que una amistad convencional implica, ¡ni de broma!

O sea que si realmente encuentras a una persona como la descrita en el párrafo uno y además es de tu agrado, NO es tu “mejor amigo”, es, en las palabras de Fey, tu media naranja, o sea que ponte a rezar para que no acabes en el mismo canta bar que yo a los 15 años.

México Lindo y Querido!!

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*Me gustaría aclarar que el siguiente post tiene un carácter un poco más reflexivo y menos cómico (pa que luego no digan que qué coñazo de entrada)

Viviendo en una ciudad en la que existen un número aproximado de un millón de nacionalidades, la pregunta ¿de dónde eres? Se vuelve no sólo común si no el punto de partida de un sinfín de conversaciones. Algo que ha llamado mi atención durante mi estancia en gringolandia, es el efecto que causa decir que mi país de origen es México.  Al momento he detectado 4 tipos de reacciones:   

1. Entusiasmo: OOOuuu Mexicouuu, tequila, huh??

2. Incredulidad: Mexicouu? Really? (con cara de no puedo creer que exista vida humana ahí)

3. Compasión: Oooh, poor thing, is it as bad as it seems?

y la última y más común:

4. Ignorancia: …but you don’t look Mexican

El que nuestros amigos vecinos del Norte sean ignorantes no es novedad, pero me parece realmente increíble que en noticieros (y no en Primer Impacto precisamente), noticieros serios se refieran a México como parte del territorio Centroamericano, lo siento no lo puedo dejar pasar (Arjona sería nuestra responsabilidad… Dios nos guarde)
Qué mágico sería que nuestras vidas fueran efectivamente como esta gente se la imagina, andaríamos todo el día en el pedo, vistiendo ropa francamente cómoda, el tráfico sería equino y dormiríamos el 70% del día…. ¿dónde firmo? Por el contrario tenemos un estilo de vida MUCHO más estresante que la mayoría de ellos, tenemos casas y restaurantes bonitos, gastamos en ropa, marcas y tecnología más que la mayoría de la gente normal y sensata y somos gente (alguna claramente) educada y civilizada. O sea que a todos aquellos, no sólo gringos, que tengan una imagen similar a la del indio Juan Diego/Carmelita Salinas en mente sobre México o lo mexicanos, los invito a que visiten nuestro país para que se impresionen de la cantidad de cosas que tiene que ofrecer.
Poca gente se quejaba tanto de México como yo, para muestra está mi Facebook o mi Twitter, pero es una realidad que estando lejos se extraña horriblemente. Claro que hay no uno,  millones de problemas que, desde mi punto de vista, desafortunadamente no tienen solución, pero también es cierto que la culpa no es del país, es de quienes lo habitamos o sea que el cambio hay que empezarlo nosotros mismos. Y es con este espíritu 100% patriota que me voy al sobre, ¡viva México!
Atte,
Pelito Ortíz de Domínguez!! Ah no, verdad??

Happily Ever After?

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Cierto es que el pertenecer a la, según yo, mejor generación de Disney, siempre me ha causado mucho orgullo. Si, quizás este statement se oiga un tanto cuanto freaky pero es verdad.Aunque ya lo había comentado anteriormente, para mi toparme con una de estas películas dentro de la programación cotidiana, significa una razón de regocijo y alegría inexplicable. Y fue precisamente así, que un día viendo Beauty and the Beast,  vi el anuncio del reestreno en 3D de The Lion King! Mi emoción fue tal que inmediatamente me metí a la computadora y compré boletos para toda la familia (si, 3 semanas antes)

Después de tanta espera, llegó el añorado día y así nos fuimos mi numerosa familia y yo a ver la película. Aunque puede ser que mi estado  de crudez haya influido en mi no tan discreto derrame de lágrimas, comprobé una vez más que no existen historias tan mágicas como las de Walt Diney; ni existirán. Literalmente salí del cine conmovida, emocionada, deseando ser una pariente más de los félidos y casarme con Simba…. Si, yo también tengo miedo! Pero fue este sentir el que me llevó a reflexionar sobre la influencia tan grande que tiene, no sólo Disney, si no la TV en general en nuestro modo de pensar…  especialmente en el tema amoroso.

Después de contemplar las películas que nos han visto crecer,  de verdad no sé cómo varias no hemos acabado con nuestras «miserables» vidas. Primero que nada te venden la idea de que estudiarás MUY poco, nunca tendrás q trabajar, que a una edad temprana, de la nada, el hombre ideal se te aparecerá en el camino y no sólo será guapo, rico, caballeroso, atlético y bondadoso, sino que le bastará menos de  la duración de una canción contigo (cantada por ti obvio) para darse cuenta de que no puede vivir sin ti. No conforme, te pedirá matrimonio en cuestión de  días y vivirás feliz toda tu vida (claro, siempre acompañada de tus mejores amigas, la flora y la fauna)… Gracias mil Disney, ni me quiero encerrar a llorar en mi cuarto, ni nada!

Toda la vida las novelas, películas, series, TODOS te venden un idea parecida a esta, pero ¿qué pasa cuando tienes 26 años, el príncipe azul nada más no se ha presentado, tienes que trabajar como negra para vivir como disque blanca y los únicos animales que te platican son las ardillas a las 3 am? ¿Querrá decir entonces que no estás siguiendo los pasos de la Cenicienta sino más bien los de Paquita la del Barrio? Y la respuesta es ¡¡NO!! Claro que no, simplemente a unas nos toca el camino un poco más largo que a otras pero estoy segura que tarde o temprano todas llegaremos al mismo final de telenovela, sólo hay que ser pacientes y no perder la esperanza! Y es con este mensaje lleno de luz que me despido, y pido disculpas públicas por haberme tardado tanto con la entrega número 11 de Pelito Opina.

Regreso a Clases

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Cualquier persona que me haya conocido en un salón de clases, puede corroborar que siempre fui  el personaje parlador y gritón que se encargó de enloquecer al 90% del personal docente, eso sería idiota negarlo. Tan es así, que debido a mis “terribles e incontrolables” problemas de conducta (ni aguantan nada, de veras) a una muy temprana edad, me exhortaron a abandonar las instalaciones de aquel colegio que me vio crecer.  Una vez superado el trauma de haber sido considerada un ser indeseable en una institución, debo de confesar que mi estancia en mi segunda casa educativa fue igual o más divertida que la primera, con la única diferencia de que esta vez corrí con más suerte o simplemente a la autoridad le caía más en gracia (gracias totales, creo que de lo contrario seguiría en 4to de prepa)

Finalmente, y ante la duda de varios, llegué a la Universidad y aunque ahí fui expulsada en repetidas ocasiones del salón de clases, puedo decir que mi carrera estudiantil repuntó y acabé haciendo un mucho mejor papel del que yo misma esperaba.

¿Era yo un asno sin oficio ni beneficio o un genio que se aburría en clases? O ¿ Acaso mi otro yo era Roberta Pardo? NO, la verdad es que estoy segura que de haber nacido en la década de los noventas, se me habría diagnosticado con ADD, pero como nací en los ochentas, mi diagnóstico fue estupidez crónica acompañada de un volumen de voz demasiado alto y nada más.

En fin, se preguntarán el por qué de este recorrido por mi andar en el camino del saber, y la respuesta es que ante la incredibilidad de muchos (incluida la mía) he vuelto a las aulas! Nunca pensé que en algún momento de mi vida adulta lo haría, pero tras haber encontrado el curso de fotografía que me interesaba, decidí que era el mejor momento para hacerlo. Mi primer día de clases estuvo muy simpático, para empezar todos mis compañeritos son de lugares diferentes del cono Sur, mi profesor estoy segura que es centroamericano pero aún no logro descifrar su país natal y a todos les causa gracia mi acento porque les recuerdo a sus personajes de novela favoritos… ¡cuánta magia!

Ahora bien, la pregunta está en el aire: ¿lograré enloquecer, a los 26 años, a mi pobre y por el momento lleno de luz profesor? ¡No creo! Bueno, espero! La ventaja es que el salón es muy chico y es un hecho que muchas de las “guasas” no traspasan la barrera del lenguaje o sea que señor Héctor Moreno, ha corrido usted con suerte!! Y si no pregúntele a todos aquellos pobres profesores que me dedique a atormentar durante casi 20 años!! Ya les contaré cómo me va…

Cumpleaños…¿Feliz?

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Algo que definitivamente es inevitable, es el pasar de los años… no hay cremas, tratamientos u operaciones que puedan detener el tan temido paso del tiempo, si no pregúntenle a Nicole Kidman que quedó como volador de Papantla. Ahora bien, mi preocupación mayor,  más allá del pasar de los años,  es el no tan anhelado festejo de cumpleaños. Si, soy un grinch disfrazado de un ser alegre y festejador lo sé, pero para mi, el saber que ahí viene el “ambigú” cumpleañero de verdad me arrebata la poca paz que me caracterizo de poseer.

Para empezar el cántico de las mañanitas me pone MUY nerviosa, tienes a un grupo de personas todas muy sonrientes cantándote a ti, al centro de la mesa, una canción que además de no hacer mucho sentido, es más larga que la cuaresma. Tratas de hacerte guey sonriendo y viendo para todos lados rogándole a Dios que a ningún miembro entusiasta del evento se le ocurra rematar el canto con una linda porra, después decides unirte al  coro y aplaudir cual marsupial en extinción, luego avientas tus anillos (en mi caso servilleteros) al fuego mientras pides un deseo (si, que se acabe la escena lo antes posible) y no conforme tienes que partir un número aproximado de 20 pedazos de pastel (cálmate popular)  y repartirlo a tus comensales, francamente ¡qué coñazo!

Luego las llamadas telefónicas, aunque siempre son agradecidas, generalmente no tienes nada nuevo que comentar salvo que te regalaron una bufanda bien bonita, que tu festejo será una cena con tus familiares o amigos (mismo al que el interlocutor probablemente no esté invitado) y así repetir el mismo diálogo con las siguientes personas que te llamen para felicitar.

Finalmente acabas haciendo 4 planes diferentes en los que forzosamente tienes que lucir ambientado y divertido para que a las 12 de la noche del día siguiente, acabes como diría mi padre Diego Verdaguer: flaca, cansada, ojerosa y sin ilusiones. En fin, para mi el cumpleaños es un auténtico desastre, si por mi fuera lo pasaría como un día más sin mayor estrés de qué voy a hacer o con quién voy a comer, simplemente haría lo que más me gusta hacer…. ver Keeping Up With The Kardashians (nótese que ya no puse una novela, este cambio de región definitivamente me ha caído como anillo al dedo)! Pero como ese festejo está socialmente castigado, a ver qué me depara el destino para este próximo viernes 9 de septiembre! Para que nos se les olvide festejarme CON TODOOOO!! Jajajaja, ¡qué horror!