Archivos Mensuales: marzo 2016

Con un Ojo al Gato…

Estándar

¿Qué es lo que una dama no debe NUNCA, NUNCA hacer!? Y No, no hablo de no tomar yumbina en los antros… Si, amados lectores, la respuesta es: Husmear el teléfono (y demás pertenencias) del ajeno.

Una lección que la vida se encargó de enseñarme a una MUY temprana edad fue precisamente esta…. No busques mana, porque encuentras. Mi SM (Santa Madre, pues) solía decirme que yo de grande sería reportera del “Alarma” (revista mexicana especializada en noticias sobre crímenes y muerte) ya que pocas cosas en la vida me gustaban tanto como aquellas que tuvieran algo de prohibido en ellas; y bueno, mi condición de elemento pilón del hogar únicamente hizo que esta curiosidad y “perspicacia” estuviesen mucho muy a la orden del día.

Cuando era yo una angelical y mágica pequeñuela, mi plan favorito era, cuando mis hermanos se largaban a sus cosas en las tardes, introducirme en su cuarto y esculcar TODO aquello que se me pasara por frente; obviamente me encontré desde damas en paños menores, hasta preservativos (mismos que me dediqué a inflar durante varias de mis tardes para jugar “volley ball”), cartas de ex novias, cartas de novias y cartas en general y demás material que siempre hicieron q me arrepintiera de estar en  donde estaba… en el interior de aquellos enormes burós de LA (o Lomas Anáhuac para los oriundos de la zona)

Después se puso de moda una actividad por demás macabra… las conference calls. Entonces Fulana y yo le hablábamos a Perengana en conference. Yo, o la que estuviera haciendo la prueba en cuestión, no emitía sonido alguno durante la llamada y entonces Fulana y Perengana sostenían una conversacion trivial hasta que en algún punto Fulana le decía a Perengana… oye, es que como que Elo anda medio de hueva, ¿¿no?? el chiste de esta llamada era saber si Perengana era tan a toda madre como parecía y defendía a su amiga (en este caso, yo) o si era, como lo eramos todas en primaria, una borrega cimarrona de quinta categoria y decia si, Elo es un verdadero coñazo. Normalmente pasaba este 2do escenario y te quedabas con el corazón roto, sin mejor amiga y encima ridiculizada ante los ojos de Fulana por no haber superado la prueba… como diría mi Juanga… ¿pero qué pinshi necesidad!?? (sin el pinshi, desde luego)

Gracias a esta serie de experiencias, aprendí (de corazón) a que aunque me matara la duda, la decisión más sabia, SIEMPRE sería la de mantenerme al margen de todo aquel material privado del ser de al lado.

Posteriormente nos alcanzó la tecnología de los celulares y ahí si ya nos cargó el payaso. Hace ya varios meses me encontraba yo cenando con un apuesto, educado, simpático, fornido, millonario e inteligente muchacho, (OK, quizás ninguna de las anteriores jajajajaja) cuando de pronto se paró para ir al baño y dejó su teléfono al alcance de mis manos. La Prudencia Griffel que llevo dentro y que aprendió las lecciones de pequeña, no volteó si quiera a ver el dispositivo hasta que de pronto llegaron una serie de 10 mensajes al mismo tiempo. Para el quinto “beep”, el dispositivo ya tenía mi atención y cuando vi de re ojo la notificación, alcancé a leer una mención de mi persona. Desde luego que mis experiencias previas valieron madres y si, oh si, abrí el mensaje. Obvio leí lo que no debía leer, me empecé a portar raaarísima con el guey, él no entendía qué coño había pasado (y desde luego que no lo sabría ya que antes de reconocer que la psicópata interior que llevo dentro agarró su celular, prefería que pensara que era yo igual de inestable que el resto de mis co-género y ya) y tras un par de meditaciones en el baño del restaurante y unos minutos de recapitulación de psicoterapia, pude retomar a mi parlanchín y a ratos simpático personaje y continuar con la velada como una persona semi normal.

Cuando hablo de encontrarte sorpresas en el celular, no hablo necesariamente de cuernos ni de cosas demasiado escabrosas hablo de expresiones, videos, imágenes que todos a fuerza en nuestros chats tenemos y que no tiene por qué saber el de al lado. Mi lenguaje ya es lo suficientemente folklórico como para horrorizar a quien esculque mi teléfono y se tope con mis participaciones en whatsapp, ¿para qué hacerlo!??
Mis group chats por ejemplo, la mitad llevan el nombre de algún órgano reproductor jajajajaja, la otra mitad llevan el nombre de mujeres de la noche (o de damas de cadera inquieta, pues) y otros tantos hacen alusión a funciones o partes corporales semi extrañas. Esta información, que a mi claramente me vale una soberana madre compartir, habrá algún miembro (valga la redundancia) de estos chats que se sienta incómoda si alguien se da cuenta a los grupos a los que pertenece y la manera en que se expresa!

Dejemos esta terrible costumbre atrás, dejemos de fisgonear en donde no nos llaman porque no se ustedes, manas, pero yo me he llevado las peores desilusiones de mi vida por estar viendo lo que no debo de ver. Y no hablo de sus chicos exclusivamente, también de los familiares y las amigas. Y con la cantidad de mañas existentes hoy en día con tantísima tecnología, el disgusto está a la vuelta de la esquina, ¡se los aseguro! O sea que protejámonos jajajajajaja y dejemos por la paz el complejo de inspector ardilla y esta terrible curiosidad que de manera usual SI mata al gato (y a puritito “shingadazo”)

Se despide,

Pelito Fisgona

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